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lunes, 29 de noviembre de 2010

Santería cubana. Reportaje

Changó y Santa Bárbara

 “¡Que Ochún te proteja!”

 

La noche del 3 al 4 de diciembre, festividad de Santa Bárbara, poco antes de la medianoche, Juan Carlos, se recogió en su casa delante de Changó, representado en una imagen que no es otra que la de la mártir cristiana. Le encendió dos velas y le ofreció manzanas rojas y plátanos. Otros le ponen un vino tinto y flores. Luego tiró unos pedazos de coco, interpretó su caída para saber si su ofrenda era aprobada, y se tumbó en el suelo para saludar y pedir al “santo”, sobre todo salud.


Virgen  de la Caridad del Cobre, en la iglesia de Ntra. Sra. del Carmen y SanLuis Obispo, en Madrid


Juan Carlos vino de Cuba hace tres años y es santero desde hace cuatro. Como él, cerca de un centenar de practicantes de la religión afrocubana que viven en Madrid realizaron un ritual similar, solos o en compañía de unos pocos amigos íntimos.

Changó es una de las deidades más poderosas de la santería o religión yoruba, culto que los esclavos africanos llevaron a Cuba y protegieron allí del cristianismo mediante una sutil maniobra: asignar a cada uno de sus dioses la figura del santo cristiano que más se le asemejara en sus atributos. De esta forma, la virginal Santa Bárbara se convirtió en el mujeriego Changó porque, en sus respectivas imaginerías, ambos sostienen un arma –Santa Bárbara, una espada, y Changó, un hacha-, y se visten con los mismos colores, el rojo y el blanco, aunque por motivos muy diferentes. El rojo de la santa asiática simboliza la sangre de su martirio; el del dios africano, el fuego; el blanco de ella destaca su pureza; y el de él refleja una forma de aplacar su fogosidad ordenada por Obatalá, un dios superior.

Otros ejemplos de este sincretismo son Ocún (San Pedro), Ochún (Nuestra Señora de la Caridad del Cobre), Obatalá (Nuestra Señora de la Merced), Yemayá (Nuestra Señora de la Regla) o Elecuá (El Niño de Atocha).

En la tienda especializada en imágenes religiosas “Hernández”, uno de los dependientes reconoce que le han preguntado muchas veces por tal o cual deidad cubana, y sabe que existe esa doble condición para algunas estatuillas, pero no las conoce bien. “Son supersticiones”, dice.

A Candela, una joven española recién convertida a la santería, todavía no “le han hecho su santo”, algo así como el bautizo cristiano. Pero afirma sin dudar que la santería es más efectiva que el resto de las “magias” que conoce, “especialmente para el amor”. La acompaña Yaiza, una cubana que no cree en estas cosas. En los tres años que lleva en Madrid, le ha sorprendido la cantidad de gente que conoce estos ritos.

Adria, diseñadora habanera afincada en el foro, no es adepta aunque respeta muchísimo estas cuestiones. Y con conocimiento de causa. De pequeña, Adria asistió a misas yorubas acompañada de su madre. Llegó incluso “a dar de comer” al santo –matar un animal para verter su sangre sobre los símbolos de la deidad. “No me arrepiento porque es una manera de valorar si te interesa o no”.

Lo que más le impresionó fue cuando un santero que no la conocía de nada entró en trance y empezó a hablar con una voz parecida a la suya y a decir las mismas cosas que ella decía cada mañana para no ir al colegio. “Aún no le he encontrado explicación”.  

Uno de los más honestos representantes de la santería madrileña es María, la cocinera del restaurante “La Negra Tomasa”. Se inició hace 21 años. Estaba muy enferma y todo le iba mal. Fue a un “babalao” (sacerdote) que identificó a su “santo”, o ángel de la guarda, algo que se descubre echando unas caracolas. En su caso es Obatalá, la deidad más importante. María es madrina de otros santeros en Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca y Cuba, pero tampoco emplea en ello demasiado tiempo. “Me gusta más dedicarme a la cocina”.   

Entre las lacras que amenazan a esta creencia está la explotación que ejercen algunos “babalaos”. En España llegan a cobrar hasta 12.000 euros por la iniciación completa, y 200.000 pesetas por una consulta afondo y 60.000 pesetas por una limpieza espiritual. María discrepa de esta actitud. “El santo no anda con dinero”, afirma. Por “hacerse el santo” (proceso de iniciación completo) ella pide lo que a ella le cobraron: 900 pesos cubanos (unas 7.000 pesetas). Adria opina que en Madrid la búsqueda del negocio se hace descaradamente. “Conocí a un “babalao” que a los pocos meses de llegar a España ya andaba con un cochazo carísismo”. Juan carlos, otro santero, piensa que se debería cobrar la voluntad.

La tienda “La Milagrosa” se ha convertido en uno de los centros de la actividad santera madrileña. En ella es posible adquirir los artículos que requieren las ceremonias. Uno de los más curiosos es la marmota o jutía, en argot cubano, secada, que se importa de Cuba. Este roedor fue alimento habitual de los esclavos cubanos y es una de las “comidas” predilectas de Ocún, un santo guerrero. 

Luis Salas, uno de los dueños, es agnóstico. “Yo creo en la fuerza del placebo, en que te den agua con azucarillos diciendo que es una medicina y te cures, y también en el levantarse todos los días a las siete de la mañana. Pero me alegra ver que mucha gente encuentra alivio en estas creencias”.

Los santeros no suelen construir templos, se reúnen en casas privadas para celebrar sus misas, ceremonia que se convoca cuando alguien lo pide expresamente, por enfermedad u otra razón. Ello no obsta para que visiten las representaciones sincréticas de sus santos en las iglesias católicas. Así, cada 4 de diciembre hay santeros que acuden a la iglesia de Santa Bárbara a visitar a Changó en una estatua de mármol situada a la derecha del altar. Don Eduardo, uno de los párrocos, sabe que vienen, pero no está muy enterado de la dualidad de culto. En la Iglesia del Carmen sucede otro tanto por una figura de la Virgen de la Caridad del Cobre (Ochún), que es además la patrona de Cuba.

Juan Carlos, santero desde hace cuatro años, tiene la sensación de que la santería no está bien vista en Madrid. “La confunden con el vudú, y no tienen nada que ver. En el vudú se pueden hacer rituales para provocar el mal a otra persona; en la santería, no, porque se volvería contra ti. Tampoco comprenden la ceremonia de sacrificar un animal”.

En cualquier caso, no parece que vaya a ser perseguida. Al menos, por el alcalde José María Álvarez del Manzano que, una tarde que pasó junto a la santería “La Milagrosa”, se acercó a su vidente afrocubano, Pedro Betancourt, y no perdió la oportunidad de desearle buena suerte con un sorpresivo: “¡Que Ochún te proteja!”.

El dato

La religión afrocubana nació en tierra yoruba, en Nigeria. Algunas de sus deidades  fueron antes reyes de tribus africanas, como Changó, monarca famoso por ser despiadado con sus enemigos que, al morir, se convirtió en oricha (santo).

Después de Nigeria, se considera a Cuba como la mayor exponente del culto y de su exportación hacia distintos países, seguida por Brasil y Trinidad y Tobago. Se calcula que en Cuba hay 18.000 babalaos (sacerdotes); en Madrid, alrededor de una decena (1).

Existen 201 deidades yorubas pero en Cuba  sólo se conocen 32. En la cúspide de la jerarquía divina están Olodumare, Olofi  y Olorum, una trinidad semejante a la católica. Olodumare es el Dios Creador, Olofi es su representante en nuestro mundo y Olorum es el sol, la divinidad que está encargada de generar vida en nuestro planeta.

Después de ellos se sitúa Obatalá, al que se denomina santo mayor, y que en su versión cristiana es Nuestra Señora de la Merced. Su color es el blanco, su color, por lo que es dueña de la pureza y de las montañas, así como del entendimiento de los seres humanos.
Aunque existe una figura similar al papa católico, el denominado Ooni, lo cierto es que es una religión que cada uno practica en la intimidad, y está abierta a todas las otras doctrinas religiosas que exalten la figura de Dios, de forma, que, por ejemplo, un santero puede casarse por el rito católico. 

La principales festividades yorubas se celebran  el 29 de junio (Ocún-San Pedro), el 8 de septiembre (Yemayá-Nuestra Señora de Regla), el 12 de septiembre (Ochún-Nuestra Señora de la Caridad del Cobre), son el 24 de septiembre (Obatalá-Nuestra Señora de la Merced), 4 de diciembre (Changó-Santa Bárbará) y el 17 de diciembre, día de San Lázaro-Babalú). El día de Nochevieja, los santeros suelen dar gracias a sus deidades por haberles permitido disfrutar de un año más.

(1) Este reportaje se publicó en 2000.

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